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Los curas villeros de la 21/24

Publicado por Desirée Macrini 25 noviembre 2009 1.032 views No Comment
Parroquia Virgen de CaacupéEn la intersección de las calles Osvaldo Cruz y Luna, en Barracas, hay un inmenso mural de un hombre amigable con los brazos abiertos. Puede que pase desapercibido si uno viene por Osvaldo Cruz desde Vélez Sarsfield, pero seguro que se le impone a quien camine en sentido contrario, desde el interior de la Villa 21/24 hacia la zona de fábricas. Aquel hombre es el “Ángel de la bicicleta”, como lo conocen los vecinos del barrio, o el padre Daniel de la Sierra, para el resto. Un cura español que imbuido de la doctrina de la liberación del movimiento tercermundista, llegó a la Argentina en 1970. En 1976 la bicicleta lo condujo hasta la 21 y allí se instaló, fundando con algunas chapas la capilla de Caacupé, por la patrona de Paraguay. Y allí le hizo frente en plena dictadura a las topadoras del brigadier Cacciatore, intendente de la ciudad de Buenos Aires, dispuesto a “limpiar” la ciudad. Junto a otros curas del movimiento llevaron adelante una férrea campaña de denuncia del fascista plan militar para erradicar las villas. Con volantes que exhortaban a los vecinos a no abandonar sus casas, a defenderlas con escobas, martillos o lo que fuera necesario, el cura desenmascaraba las intenciones de los militares, que jamás cumplían las promesas de dinero o casa nueva.

Todas las mañanas lo veían llegar en bicicleta desde Constitución y la gente se congregaba en la capilla para escuchar su prédica al son de la guitarra. No necesitaba micrófono, su increíble voz, cuenta una vecina del barrio, se escuchaba a una cuadra de distancia.

El 25 de octubre de 1992 las campanas sonaron en la 21 tal como había dicho el Padre de la Sierra que hicieran cuando pasara algo grave. En la madrugada lluviosa él había muerto atropellado. Cientos de vecinos se congregaron en la capilla para llorar a quien tanto había luchado por ellos, si bien hacía unos años ya que se había ido del barrio. En 2002 depositaron sus restos en un altar al lado de Caacupé, para que los acompañara con su pasión por la lucha.

El padre José María di Paola, Pepe para todos, llegó a la parroquia hace más de diez años y aunque no tuvo oportunidad de conocer a De la Sierra los vecinos se encargaron de transmitirle el aura que lo rodeaba. Dotado del mismo talante combativo, Pepe se convirtió en los últimos años en el referente más importante para los habitantes de la villa 21. Hoy el interior de la capilla está empapelado con carteles de agradecimiento y apoyo para el padre Pepe, sobre todo a partir de la amenaza de muerte que sufrió hace unos meses. “Los alumnos de 5ºB de la escuela nº 12 están con vos” dice uno de los carteles. Así varias decenas de mensajes que reflejan lo particular de la relación de este cura con los vecinos pero sobre todo el rol fundamental de la capilla como centro de cohesión del barrio. Caacupé es sinónimo de contención: quien necesite tiene un plato preparado por Karina en el comedor, aquel que busque una salida al agujero negro que es el paco, tienen en Pepe y en el resto de los curas una ayuda, aquellos que necesiten un espacio de reunión y algo de que aferrarse para no desesperar tiene un lugar en un banco de la parroquia.

El padre Pepe fue la cara visible del mensaje que los curas villeros hicieron público el 24 de abril sobre la despenalización de hecho de la droga en las villas, en la que denunciaban que los líderes del negocio del paco son personas ajenas a la villa. Unos días después de la denuncia Pepe recibió una amenaza de muerte de parte de una persona que parecía extraña al barrio. La intimación buscaba amedrentarlo para que dejara de denunciar el poder y el negocio que mueve la droga en la 21/24 y en el resto de las villas. Lo único que lograron fue darle más notoriedad a la denuncia y a la persona misma del padre Pepe que recibió el apoyo de toda la comunidad. Cuando los vecinos se enteraron de la amenaza corrieron preocupados a la parroquia preguntando si el padre se encontraba bien. Esto demuestra que tanto el párroco como su equipo y toda la gente que hace que funcione la parroquia de Caacupé cumplen un rol fundamental en la integración, contención y formación de los vecinos.

El mismo espíritu que impulsaba al padre De la Sierra a convocar a los vecinos a enfrentar las topadoras de Cacciatore renace hoy en el llamado del padre Pepe y del resto de los curas villeros a escuchar la voz del villero. El párroco de Caacupé plantea que si bien el concepto de urbanización fue en su momento un concepto avanzado, hoy “es unilateral, porque es una idea desde el gobierno o los técnicos. Urbanizar es trasplantar una hipótesis de maqueta a un lugar donde podría no funcionar. El término justo, que descubrimos está en la Constitución de Buenos Aires es `Integración Urbana´. No fuimos originales, ya estaba, y en el artículo 31, nada menos.” Aunque parezca básico un concepto semejante es revolucionario en momentos en que el espacio público está gobernado por la Unidad de Control del Espacio Público (UCEP) y el Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) está completamente vaciado.

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